
Tango Corrido
Licenciado Lionel Pérez
El corrido de un abogado de frontera que defendió a quien nadie defendía, cantado por el hijo al que le dio su apellido.
La historia detrás
Un corrido cumple en orden: nombra al hombre, cuenta el caso y se despide. Este hace las tres cosas sobre un tango. Los versos siguen a un abogado de frontera de Laredo a las cortes de Texas, defendiendo al culpable y al inocente porque, como dice él mismo en un puente hablado, hasta el diablo tiene derecho a un abogado. Después el último verso gira y el que canta dice quién es: el hijo que recibió el apellido y no la sangre. Termina en despedida, el verso con que un corrido siempre cierra, y ahí es donde la forma y el tango por fin se encuentran.
Letra
En la línea del Bravo, donde el río parte el mundo donde un hombre vale menos que la firma de un papel llegó un licenciado con la calma de los justos y a los que nadie oía, les prestó su propia voz De Laredo a Tamaulipas su nombre iba adelante en las salas de McAllen, en las cortes de Texas no pedía que lo quieran, no pedía que lo entiendan solo abría su maletín y empezaba a defender Licenciado Lionel Pérez, la frontera lo recuerda el que nunca preguntaba de qué lado viene usted el que sacó de la sombra a quien ya nadie esperaba y devolvió a las familias lo que el mundo les quitó Defendió al que era culpable y al que nunca lo fue porque dijo que la ley no es la ley si escoge a quién lo llamaron mil cosas en los diarios y en la calle y él firmaba sus papeles sin voltear a responder Licenciado Lionel Pérez, la frontera lo recuerda el que nunca preguntaba de qué lado viene usted el que sacó de la sombra a quien ya nadie esperaba y devolvió a las familias lo que el mundo les quitó "Me dicen el licenciado del diablo, no lo niego, que hasta el diablo en este mundo tiene derecho a un abogado. Yo no juzgo, yo defiendo, esa fue mi profesión, que el que juzga lleva toga, yo apenas llevo el nombre." En el congreso del norte lo llamaron por su nombre por los años y las vidas que del olvido rescató y en el sur lo saludaban con respeto de leyenda un hombre de dos patrias que a ninguna traicionó Y yo que lo llamé padre desde que tenía cinco no lo supe por corridos, lo aprendí en su propia mesa que el que da su apellido a quien no lleva su sangre ese sí que es un hombre, ese sí es un padre Ya con esta me despido, aquí termina mi tango para el licenciado Pérez, de McAllen, de los dos lados que le canten los corridos, que le lloren los bandoneones que a un hombre de esa talla se le canta en dos naciones